¿Sabemos gestionar nuestra privacidad en internet?

Portada del libro "Tranki pap@s"

Portada del libro “Tranki pap@s”

Hace unos días, una noticia en prensa constataba que los niños de 10 años saben bastante bien cómo manejarse en internet. En realidad, eso no debería sorprendernos, ya que han venido al mundo en una época en la que utilizar un ordenador es tan básico como en su día lo fue saber escribir. Es más, en cualquier parque las madres orgullosas comentan lo bien que se le da a su retoño usar el ratón y prácticamente todos los colegios recurren a la Red en sus clases.

No obstante, la noticia llamaba la atención sobre el hecho de que los menores están muy al tanto del penúltmo grito virtual, pero son absolutos desconocedores de los comportamientos que no deben seguir, bien por ser peligrosos para sí mismos y/o su entorno, bien porque constituyen directamente una ilegalidad.

Y se supone que en este punto es cuando los padres debemos alarmarnos y reclamar a los colegios que se preocupen del tema; y pedir que brigadas de la Policía Nacional y de la Guardia Civil impartan charlas en los centros educativos; y poner el grito en el cielo cada vez que se publica un anuncio (real o infundado), de que tal o cual red social ha tenido un problema con sus estrategias de seguridad. Eso sin olvidarnos de renegar por cualquier asunto que consideramos una intromisión en nuestra esfera privada cuando nos mandan publicidad por correo electrónico.

Todas estas zapatiestas las montamos sin habernos dado, como vulgarmente se dice, una vueltecita delante del espejo. Tiene gracia que reclamemos protección para una privacidad que nosotros mismos exponemos dada dos por tres de manera tan inconsciente como innecesaria. De hecho, las estadísticas referentes a violaciones de la privacidad se deben, en su inmensa mayoría, a descuidos y meteduras de pata propios, no a la acción de sofisticados ciberasaltadores.

Y es que esta fiebre por estar en la nube a todas horas y antes que nadie ha traído toda colección de comportamientos verdaderamente arriesgados e irresponsables si de lo que se trata es de salvaguardar la privacidad. De esta manera, se tuitea a lo loco, se vocea en los muros de las redes sociales cuál es el estado de ánimo particular a cada minuto, nos hacemos eco de bulos de todo tipo, informamos de si estamos de vacaciones o completamente solos en casa o si vamos a sacar al perro a pasear, por dónde iremos y cuánto vamos a tardar exactamente en volver.

Subimos fotos nuestras sin asegurarnos dónde van a terminar ni quién las verá… ni tampoco en qué estado nos encontramos cuando se hicieron. Nos descargamos aplicaciones que incluyen geolocalización sin saber que eso significa exactamente eso: que cada vez que digamos “¡ay!” nuestro terminal informará puntualmente a todo el ciberespacio sobre el punto exacto del planeta Tierra lo hemos dicho.

No pedimos permiso a los que salen con nosotros en la imagen no ya para subirlos a la red social de turno (hay que hacerlo, señores), sino para etiquetarlos, permitiendo así que su nombre y su imagen circulen por la Red libremente. Tampoco pedimos permiso a la hora de reproducir una fotografía que está protegida por derechos de autor y nos descargamos cualquier cosa que ni veremos ni escucharemos con tal de tenerla en nuestro disco duro.

Damos nuestro correo electrónico personal a cualquiera y muchos incluso más que eso. De hecho, en no pocas ocasiones tengo que editar los comentarios de los blogs que gestiono por este motivo, así como descolgar post en los que los usuarios han subido no ya su dirección de email y su teléfono móvil, sino además pruebas médicas, su tarjeta sanitaria y su DNI.

No valdrá de nada que voces autorizadas, como los autores del libro que ilustra esta entrada, Pere Cervantes y Oliver Tauste escriban Tranki pap@s, si los papás en cuestión no son conscientes de cuáles son los peligros de la Red no tanto para sus hijos como para ellos mismos.

Ya podrán desgañitarse los fiscales de Menores, como Gema García, de la Comunidad de Valencia, aconsejando que los chavales no tengan un smarphone antes de cumplir los 14 años si somos los padres los que se los regalamos a la primera de cambio sin ni siquiera darles unas nociones de lo que deben y no deben hacer con él.

Por eso, y a pesar de ser adultos responsables (a veces es mucho suponer) quizá deberíamos leer el libro de Cervantes y Tauste y repasar la pestaña Tu Seguridad, alojada en Tuenti. Este apartado va dirigido a los jóvenes usuarios de la red social, pero no estaría de más que los mayores lo leyéramos y nos aplicáramos el cuento porque… ¿es realmente necesario abrirle la puerta a tanto desconocido?

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4 pensamientos en “¿Sabemos gestionar nuestra privacidad en internet?

  1. Sandra

    La verdad es que tal y como actúan algunos la respuesta a tu pregunta es no. De esa manera es imposible enseñar a los pequeños a que sean responsables. Gracias por la entrada.

    Me gusta

    Responder
  2. Pingback: ¿Sabemos gestionar nuestra privacidad en...

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