Sexualización precoz, un problema invisible

Una niña posa junto a uno de los coches. | Afp

Hacernos eco de la llamada de atención que habían hecho varios especialistas estadounidenses acerca de la sexualización precoz y de los graves peligros que ello encierra para las generaciones futuras fue recibido, una vez más, con condescendencia e incluso algo de mofa.Aparentemente el tema pasó sin pena ni gloria, aunque me pidieron otras versiones del reportaje para un par de revistas médicas y alguna opinión para medios especializados. Incluso se habló algo más de sexualización precoz cuando Carmen Posadas se inspiró más de la cuenta en mi artículo para escribir uno de los suyos. Aprovecho para aclarar que para mí supone un gran honor servir de inspiración a tan insgine escritora, pero hubiera agradecido una mención, un enlace a mi medio de entonces… para especificar de dónde le venía la idea. Los periodistas buenos, e incluso los mediocres, lo hacemos y a todos nos gusta que respeten nuestro trabajo.

De cualquier manera, y como no me quiero desviar del tema, diré que la cuestión que nos ocupa volvió a saltar a la palestra a raíz de la retirada de un bikini con relleno en el pecho en la cadena de almacenes Primark de Reino Unido. El motivo del escándalo no era otro que la prenda estaba destinada a niñas de siete años. Los portavoces de diferentes asociaciones británicas encargadas de velar por el bienestar físico y psicológico de los menores recordó una vez más los riesgos de privar a los niños de su infancia y de alterar su proceso madurativo, especialmente si eso implica que adquieran unas actitudes y comportamientos sexuales impropios de su edad.

Los comentarios de los lectores me hicieron intuir que muchos de ellos también estaban levantando su ceja y que una vez más pensaban que los de salud estábamos sacando las cosas de quicio, pero esta misma semana me encuentro con que uno de esos salones del automóvil ha rizado el rizo en esta cuestión. Este tipo de eventos suele situarse de vez en cuando en el centro de la controversia debido al uso, como reclamo comercial, de mujeres ligeras de ropa desparramadas en actitud supuestamente sexy encima de los capós.

En esta ocasión, junto a las modelos de rigor también estaban niñas de entre cinco y siete años que, ataviadas con bikinis y botas altas (imagino que maquilladas como puertas también), se contoneaban junto a los vehículos emulando a las chicas adultas a su alrededor.

Afortunadamente, ha habido muchas voces autorizadas que han puesto el grito en el cielo. Sin embargo, igual que en su día me apenaron los comentarios de algunos lectores con respecto a la polémica del bikini de Primark por restar importancia a un asunto que tiene más miga de la que parece, no tengo por menos que sentir horror ante las explicaciones que han dado los organizadores del evento para justificar su ocurrencia.

Que si las niñas tenían autorización paterna (sólo faltaría que las hubieran secuestrado para la ocasión), que únicamente dos de ellas tenían cinco años (las otras eran ‘adultas’ de seis o siete), que si el bikini es una prenda de lo más normal (en la playa y con chanclas, sí)… pero lo peor de todo: “Esta experiencia puede aumentar la confianza en sí mismas”, según se ha justificado el director de la exhibición.

Y es ahí cuando le invade a una el desaliento. Dice muy poco en nuestro favor el hecho de priorizar el atractivo sexual en niñas de corta edad por encima de otros valores intelectuales, personales y emocionales. Y dice menos aún que no seamos capaces de ver que ésta es una manera más de privar a los niños de una etapa absolutamente necesaria para su desarrollo: la infancia.

Si convertimos a nuestras niñas (a los varones también, aunque en menor medida) en pequeñas armas de seducción cuando ni siquiera han mudado los dientes de leche nos encontraremos con adolescentes de cabeza vacía obsesionadas por lucir pechos y curvas con los que a lo mejor la naturaleza no les ha dotado aún; favoreceremos que las que no cumplen unos cánones físicos imposibles pierdan interés por cultivar otras facetas de la personalidad mucho más interesantes que unos labios carnosos o una talla 34; abonaremos el campo perfecto para trastornos de la conducta alimentaria presentes y futuros; arrebataremos a nuestras hijas infinitas posibilidades de desarrollar talentos que nada tengan que ver con el atractivo físico; perpetuaremos la desigualdad e incluso retrocederemos en este área hasta décadas atrás.

Crearemos seres, y esto se aplica también a los varones que indudablemente crecen imbuidos por esta erotización precoz, cuya única vara de medir la calidad humana sea la del potencial sexual que cada cual es capaz de desplegar; y todo ello a una edad en la que deberían multiplicar su potencial para pensar, su potencial para jugar.

Anuncios

Haz tu comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s