Privatización de la Sanidad… matices perversos

Marea Blanca en Madrid. | Efe

Marea Blanca en Madrid. | Efe

Llevamos varias semanas desayunándonos con las protestas de los profesionales sanitarios madrileños ante la inminente privatización de los servicios de la Comunidad en varios hospitales. Entre tanto, y a pesar de ellas, a los regidores no se les caen de la boca frases que aseguran que el modelo de concesión que pretenden implantar ha demostrado ser muy eficiente, que la atención sanitaria gana en calidad y que además se ahorran costes.

A bote pronto, no deberíamos dudar de lo que dicen salvo por dos circunstancias: una es que los políticos españoles de cualquier signo y color han demostrado ser poco fiables y la segunda es que no han aportado ni un solo dato objetivo, ni una triste estadística que avale semejantes afirmaciones; entre otras cosas porque no las hay, porque están muy parceladas o porque los pocos datos pertenecen al propio entorno gestor; es decir, no son independientes.

Ni siquiera algunos centros pioneros en implantar sistemas de gestión basados en la concesión, como el de Alzira (Comunidad Valenciana), tienen cifras incontestables acerca de esa supuesta mayor eficiencia. Es más, algunos trabajos independientes referidos en el documento de Posicionamiento de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS) sobre las políticas de privatización de la gestión de los servicios sanitarios, alertan de algunas perversidades del modelo relativas a las relaciones contractuales y a la falta de protocolos que permitieran evaluar y cuantificar la supuesta excelencia del centro.

En definitiva, tal y como reza dicho documento, “los modelos de concesión administrativa sanitaria (modelo Alzira) presentan más sombras que luces”. Otros profesionales como Juan Gérvas, al que aconsejo fervientemente seguir en Twitter (@JuanGrvas), especialmente si uno no es sanitario, lo ha dicho alto y claro, como siempre y en su línea, en una entrevista concedida a El Mundo.es: “Detrás de la privatización está la palabra corrupción”.

Y es que, señor Ignacio González, por mucho que pregone que su modelo es más eficaz y trate de poner en práctica la estrategia del calamar, el asunto huele a corruptela que echa para atrás porque se echa en falta una gran dosis de transparencia en todo su razonamiento.

Y esta es precisamente una de las quejas esenciales, aunque no la única, de todos los portavoces y representantes de la profesión sanitaria que se han hecho oír estos días: la falta absoluta de claridad y el empeño en poner en marcha una transformación total sin contar con la opinión de los especialistas en la materia (que los hay; y muy buenos).

Juan Oliva, presidente de la Asociación de Economía de la Salud (AES) ha declarado en varios medios que nadie de su grupo ha sido contactado para conocer su postura en este espinoso tema. En definitiva, el clima se ha enrarecido como consecuencia de la desconfianza acerca de los intereses que hay detrás de este patrón que va a salir adelante “sí o sí” pero totalmente al margen de lo que digan los expertos en gestión sanitaria y los que cada día se arremangan delante de los pacientes y conocen mejor que nadie cuáles son las necesidades del sistema.

Todos estos especialistas coinciden en señalar que nadie en su sano juicio niega la necesidad de hacer ajustes, pero “se trata de poner cordura en el sistema”, ha dicho María Dolores Fiuza, presidenta de SESPAS. En su opinión y en la de la mayoría de sus colegas la reforma sanitaria debería haberse acometido hace ya varios años y la crisis actual supone una oportunidad única para hacerlo… aunque parece ser un tren que volveremos a dejar pasar.

Un interesantísimo trabajo publicado en Gaceta Sanitaria en 2010, firmado por Ricard Meneu y Vicente Ortún, identificaba claramente cuáles eran las piedras de toque del sistema sanitario y apuntaban las líneas de actuación que habría que asumir para mejorarlo; las mismas directrices y los mismos expertos que el señor González y su equipo han decidido ignorar.

En este y en otros artículos parecidos se habla de meritocracia, de eficiencia, de transparencia, de reducción de los condicionantes políticos, de la disminución de la burocracia, de la creación de un organismo independiente que evaluara los procedimientos y tecnologías sanitarias, de atraer el talento, de incentivar y motivar a los profesionales, de invertir con sentido común, de eliminar el cortoplacismo, de aprender de quien mejor lo haga, de incrementar la productividad sin restar calidad, de guías unificadas de buena praxis clínica… y sobre todo de la articulación de medidas de evaluación, seguimiento y control de la eficiencia, así como de auditorías en las que rendir cuentas.

En definitiva, conceptos todos absolutamente ajenos a la política que se practica en España, impregnada de un halo de corrupción e impunidad absolutamente escandaloso. Porque total, hagas lo que hagas aquí nunca pasa nada.

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2 pensamientos en “Privatización de la Sanidad… matices perversos

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