Nada que celebrar

Foto| Periodistadigital.com

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Hace unos días mi hija salió del colegio emocionada porque en clase se había enterado que era San Francisco de Sales, patrón de los periodistas, justo lo que es su mamá. Se abrazó a mí y me soltó un sonoro beso al tiempo que me decía: “Felicidades”.

La inocencia que dan sus nueve años me enterneció y también me hizo pensar en que este año había más bien poco que celebrar entre tanto ERE, cierre de medios y recortes que están degradando la profesión hasta límites insospechados.

Hacía unos días había escrito una entrada en este blog defendiendo la necesidad de periodistas especializados y de un ejercicio de la profesión más analítico y pausado, especialmente cuando de lo que se trata es de informar sobre asuntos relacionados con la salud y la enfermedad.

Concretamente, me refería a la presunta vacuna del Alzheimer, de la que algunos medios difundieron como si fuera una realidad inminente, lo que obligó a la Sociedad Española de Neurología a emitir un comunicado puntualizando las informaciones publicadas.

Muchos colegas se hicieron eco de esta defensa en diferentes redes sociales y justo el día de nuestro patrón se produjo el error más garrafal de cuantos yo recuerdo en esta profesión: la archifamosa foto falsa de Chávez intubado publicada en la portada de El País, diario insignia de la prensa española durante décadas que actualmente está siendo desguazado por esa mente preclara y juvenil que es Juan Luis Cebrián, a quien sus redactores le parecen viejos y poco tecnológicos.

Y es que los que pensaban que este tipo de pifias únicamente se daban en internet, donde se trabaja a una velocidad que más que escribir lo único que te permite es vomitar textos; de ahí su calidad, estaban completamente equivocados. El periodismo cutre se ha extendido mucho más allá de la Red.

La cagada de El País con la fotografía de Chávez es descomunal y absolutamente bochornosa en la medida que unos pocos miles de ejemplares no pudieron ser retirados a tiempo y quedarán ahí para escarnio de sus responsables, pero no es, ni de lejos, la única metedura de pata de bulto. A diario se dan muchas, aunque menos voceadas. La mayoría de ellas se descuelgan de internet y quizá por eso hay menos reparo a la hora de subir cualquier cosa aunque de entrada sea una idiotez o no esté debidamente contrastada.

Por eso, me atrevería a pedir a todos los que sacaron pecho relatando que a ellos no les habían colado nada igual, que también hicieran un ejercicio de reflexión porque a diario les cuelan otras desde su misma redacción. Ovnis sacados de The Onion, un portal estadounidense encargado de redactar noticias de coña, una caca tatuada por un novio vengativo dada por buena cuando era un fake de sobra conocido, noticias de diarios como El Garrofer publicadas como ciertas por medios presuntamente serios…

Dirán ustedes que estos ejemplos no son comparables al error garrafal de la foto del mandatario venezolano, por cierto, relatado de manera absolutamente patética y lamentable por parte de dos redactores de El País. Y desde luego tienen razón si no fuera porque los periódicos se están llenando de estupideces sin sustancia.

Hoy mismo nos encontramos en El Mundo con otro alegato en favor de un periodismo responsable, también a cuento de la dichosa inmunización de Cacabelos contra el Alzheimer, escrito por el responsable de su área de Salud. Por otro lado, a su aire, el suplemento Crónica que edita este periódico se explayaba el fin de semana a cuenta de la “vacuna gallega” dando esperanza a los pacientes y familiares y haciendo oídos sordos al criterio de sus especialistas; a los que seguramente ni habrán tenido en cuenta para que no les chafen su historieta.

Varios lectores ya han pedido coherencia a la publicación a través de sus comentarios; algo que me suena y los que me conocen saben perfectamente por qué. Sin embargo, me temo que caerán en saco roto como en su día cayeron las nuestras. La coherencia parece estar reñida con un periodismo low cost, atolondrado, superficial y regido únicamente por el Ibex 35 y la avaricia de sus gestores… ¡ah! y por el embarazo de Shakira. La crisis del periodismo no se limita a la guerra red/papel.

Va mucho más allá y está directamente relacionada con la calidad, con el análisis y con la reflexión; más bien con la falta de estas tres cosas.

Lamentablemente, he de dar la razón a mi colega Elena Escala (@meriti) cuando tuiteó, a raíz de la metedura de pata de El País, que el ERE tenía un precio. Y es muy alto.

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2 pensamientos en “Nada que celebrar

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