Acuerdo marco entre el Ministerio y el Foro de la Profesión Médica ¿Y ahora qué?

Ana Mato firma el acuerdo marco para un Pacto por la Sanidad. | Ministerio de Sanidad

Ana Mato firma el acuerdo marco para un Pacto por la Sanidad. | Ministerio de Sanidad

Cada vez que me encuentro con un “Plan Nacional de algo”, “Estrategia de lo otro”, “Documento de consenso sobre aquello” me echo a temblar porque en la inmensa mayoría de las ocasiones se trata de un puñado de folios (a veces cientos) llenos de palabras que no dicen nada o, en el mejor de los casos, una lista de buenas intenciones que posteriormente se quedan en agua de borrajas.

Algo parecido me ha ocurrido cuando me he puesto delante del Acuerdo Marco entre el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad y el Foro de la Profesión Médica de Madrid. Después de superar la pereza de leer semejante título, seguido de tres folios de obviedades redactadas de una manera bastante cuestionable, como que “el derecho a la protección de la salud es uno de los más importantes de los derechos sociales, habida cuenta de su inmediata vinculación con el derecho a la vida, y la directa relación con la calidad de vida”, me he quedado igual. Y me he quedado igual porque el texto, que afortunadamente tiene apenas siete folios, está salpicado de términos como “colaboración entre ministerio y profesionales”, “sostenibilidad”, “implicación”, “educación sanitaria”, “formación continuada”, “evaluación”, “recertificación”, “promoción profesional”, “motivación”… y un sinfín de palabrería para señalar conceptos que deberían darse por hecho o, al menos, tendrían que constituir una realidad en nuestro país desde hace muchos años. No obstante, lo verdaderamente sorprendente viene cuando se pasa al punto C, el que toca el Área de Gestión Clínica.

Es de chiste que con la que está cayendo a cuenta de este tema en España, el documento descubra la pólvora esbozando puntos sobre los que trabajar en cuanto a la evaluación de resultados, transparencia en la gestión, trabajo en equipo, coordinación, docencia, investigación, nuevas tecnologías, modelos eficientes de colaboración entre centros e instituciones sanitarias públicas y privadas… Es decir justamente todo lo que los profesionales sanitarios están pidiendo a gritos en las sucesivas Mareas Blancas y que los gestores están desoyendo sistemáticamente. Para quedarse a cuadros el remate final de la ministra Ana Mato: “implicar en el proceso de reformas a quienes trabajan día a día en la consecución de estos objetivos, es para mí una prioridad de primer orden”.

En estas últimas semanas he tenido oportunidad de hablar con muchos profesionales sanitarios como periodista, como paciente, como familiar de paciente y como amiga. He entrevistado a Bernat Soria, que en su día ocupó la posición de Mato, aunque con una formación científica, sanitaria y/o general que ella no tiene ni de lejos. Todos ellos, los profesionales digo, coinciden en señalar que hacen falta reformas; todos saben que hay que ahorrar y que no se puede pagar todo porque los recursos son finitos y hay que usarlos lo mejor posible; todos reconocen que muchas cosas no se han hecho bien; todos saben que ha llegado el momento de coger el toro por los cuernos… curiosamente todos piden transparencia, seguimiento, evaluación de resultados, excelencia, eficiencia, sostenibilidad, racionalidad… y también curiosamente todos manifiestan sus sospechas de opacidad, amiguismo, corrupción, lucro desmedido, falta de criterio sobre el sector… y además todo ello está documentado por especialistas en ese punto C: Área de Gestión Sanitaria; que los hay.

De esta manera y por todos estos motivos el documento me parece hueco e innecesario, porque propuestas más sólidas y desarrolladas llevan años dando vueltas en los foros especializados sin que ningún gestor, casi siempre un político que tiene de Sanidad y Salud la misma idea que yo de física cuántica, haya prestado la más mínima atención.

Desde mi humilde punto de vista creo que hacen falta menos documentos, menos folios y menos carpetitas y urge más trabajo duro. No están los tiempos para hartar a la opinión pública con conceptos básicos que deberían darse por sentado. Aunque claro, teniendo en cuenta que Leire Pajín lució la Power Balance mientras se agarraba como una lapa al asa de la cartera de Sanidad y que Ana Mato propuso sustituir los medicamentos de baja utilidad terapéutica por “alguna cosa natural” (las setas venenosas lo son y a la que te comes una te mueres; y la cancioncilla “sana, sana, culito de rana” es tan natural como ineficaz)… pues igual nos tenemos que remontar a eso de la ‘M’ con la ‘A’… ‘MA’.

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