Archivos Mensuales: marzo 2013

¿Por qué no te callas?

Gwyneth Paltrow, Nicolás Maduro y Cristina Fernández de Kirchner. | Agencias

Gwyneth Paltrow, Nicolás Maduro y Cristina Fernández de Kirchner. | Agencias

Escribía Mikel Iturriaga, mi adorado bloguero gastronómico en El País, que le embargaba la tristeza “cada vez que un medio respetable comete la estupidez de publicar bodrios por el simple hecho de ir firmados por famosos”. Él lo decía a cuenta del fichaje de Pippa Middleton (ya saben, la cuñada de Guillermo de Inglaterra, famosa por su trasero envuelto en satén blanco el día de la boda real) por parte de una revista gastronómica bastante bien hecha, la Waitrose Kitchen.

A pesar de que él alberga la esperanza de poder echarse unas buenas risas en el caso de que a la cuñadísima le dé por disertar sobre hechos tan útiles y novedosos como “Los estantes de la cocina deben llenarse de objetos útiles diversos” o “por su tamaño, cocinar un pavo es una buena solución para cuando viene mucha gente” (consejos contenidos en el libro/fracaso/hazmerreír que lanzó al mercado el año pasado), lo cierto es que los que nos dedicamos a esto de la información de la salud y la medicina no podemos prometérnoslas tan felices, ya que cuando un famoso, famosete, famosillo o popular abre la boca para dar un consejo saludable o emitir una opinión médica se nos abren las carnes. Sigue leyendo

¿Dieta medite… qué?

Este fin de semana hablaba con una compañera que me tachaba de radical. Había leído mi post acerca del ninguneo que había sufrido el estudio PREDIMED en los medios de comunicación patrios y la poca importancia que le concedíamos a la investigación española. Según ella yo exageraba ya que las excelencias de la Dieta Mediterránea, constatadas en el trabajo referido, no han tenido apenas repercusión en nuestro país porque eran de sobra conocidas por todas y cada una de las criaturas de este país; como si con la partida de nacimiento viniera también un máster en mediterranismo.

Luego hizo una breve disertación acerca de que con esto de la crisis, muchas cosas iban a volver a un cauce de consumismo menos desmadrado y que absolutamente toda persona española y residente en nuestro país se había dado cuenta ya de que había que volver a alimentarse como lo hacían nuestros abuelos; lo había leído. Y se quedó tan pancha. Sigue leyendo

Enfermeras en pie de guerra

La profesión enfermera "ha llegado hasta aquí". | lamarea.com

La profesión enfermera “ha llegado hasta aquí”. | lamarea.com

Si hay algo que caracteriza a Máximo González Jurado es que habla claro, algo muy de agradecer en estos tiempos de ruedas de prensa sin preguntas, ministras ausentes y comparecencias llenas de palabrería hueca.

El presidente del Consejo General de Enfermería convocó ayer una cita con la prensa para mandar un aviso a navegantes. “Si quieren [las autoridades sanitarias] que el sistema se colapse les reto a seguir así” y declaró que van a ser “guerreros  e inflexibles” ante lo que considera una “tomadura de pelo, un cachondeo”, refiriéndose a la situación de la profesión de Enfermería en general y a los recortes que se están llevando a cabo en el Sistema Nacional de Salud en particular. “Está claro que un experto no es un político”, sintetizó González Jurado aludiendo a las decisiones improvisadas que se están llevando a cabo para tratar de reflotar la sanidad española. Y no había hecho más que empezar. Sigue leyendo

Luanda, caótica y pretenciosa

Nos levantamos con el mejor de los ánimos para buscar algo que haga las veces de una agencia que nos lleve al parque nacional de Kissama, ya que parece ser uno de los pocos lugares de Angola con cierto interés para el extranjero. En realidad, Angola dice tener más de una decena de zonas naturales de importancia; eso sí, están tan protegidas que prácticamente ninguna admite visitantes; entre otras cosas porque el país entero vive de espaldas a los turistas, viajeros y visitantes.

Por otro lado, la guerra también se cebó con animales y plantas. Los primeros fueron pasto de las minas o de la caza cuando los alimentos escaseaban. Las segundas fueron utilizadas para leña, fundamentalmente. De esta manera, las autoridades están llevando a cabo una ardua tarea de repoblación que está empezando a dar sus frutos ahora.

Kissama es una excepción y según nuestra guía cuenta con cierta organización a la hora de alojar viajeros y guiarlos por el parque. El caso es que en poco tiempo nos damos cuenta de que dicha guía tiene una cartografía absolutamente penosa y de que había sido muy benévola (por no decir manifiestamente mentirosa) al calificar la ciudad de Luanda como “complicada”.

Estar en la calle correcta no te garantiza en modo alguno llegar al destino que te has marcado. Los locales se suceden apiñados a ambos lados de las calles, cuyas indicaciones son pésimas. La numeración de las fincas baila y, lo que es de traca… ABSOLUTAMENTE NADIE sabe indicar nada. Ni vigilantes, ni guardias jurado, ni dependientes de comercios ¡ni la propia Policía!

Eso sí, le ponen voluntad y cada una de las 20 o 30 personas a las que preguntamos nos da instrucciones; cada una diferente de la anterior y todas equivocadas.

Finalmente, en una agencia de viajes (internos) acaban por decirnos que nos olvidemos de ir a Kissama si no tenemos coche propio para llegar hasta allí. Tampoco nos garantizan alojamiento una vez desplazados y tampoco tienen la iniciativa (creo que ni la posibilidad tampoco) de llamar a alguien que pueda siquiera darnos una pista de cómo está la ocupación allí.

Total, que decidimos que para ese plan no merece la pena quedarse cinco días más en una ciudad que alterna el chabolismo con los rascacielos más alucinantes y los ejecutivos trajeados conduciendo relucientes coches de alta gama con gente que va descalza por la calle y hace pis por las esquinas. Y todo ello pagando a precio de oro lo que aquí no pasaría de ser un hostal cuco.

En nuestro periplo hemos visto todo lo que nos interesaba y Luis da con la esencia de esta ciudad. Luanda es pretenciosa.

Cruzamos los dedos y nos encaminamos a la Ilha, una lengua de tierra ganada al mar de manera artificial al más puro estilo Miami. Allí se concentran las oficinas de las multinacionales, sucursales bancarias… y la sede angoleña de IBERIA, nuestra esperanza para volver a casa.

Una gruñona en el Paraíso

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Llegamos a la pensión Paraíso después de quedarnos con las ganas de un alojamiento bueno, bonito y barato que estaba completo muy a nuestro pesar (el sitio es encantador y la dueña también). No podemos ser muy exquisitos porque la oferta hotelera de Luanda es limitada y muy cara.

Muy pronto nos damos cuenta de que la capital de Angola poco o nada tiene que ver con el resto del país, así que entramos en el Paraíso encantados, como si de verdad fuera el que se describe en la Biblia. Es un lugar colonial, casero, lleno de plantas preciosas… regentado por una bruja que responde la nombre de María Eduarda.

María Eduarda es una vieja del demonio despótica y malhumorada con aires de señorita Escarlata que nos habla en un tono que, de tener otra alternativa para alojarnos, sería merecedor de un buen par de hostias. Pero no tenemos esa otra alternativa, así que nos tragamos los malos humos de la señora y nos apuntamos a la cena, que se hace en plan comunitario, como en un colegio pero bien.

La cena nos sabe a gloria y ni siquiera se nos atraganta un poco cuando nos enteramos de que cuesta la friolera de 30 dólares. Llevamos muchos días comiendo galletas o directamente nada, así que no le hacemos ascos a la sopa calentita ni a la carne en salsa. Ni a los manteles, ni a las servilletas, ni a los cubiernos, ni al pan…

La habitación es, con diferencia, la mejor de las que hemos tenido, aunque no deja de ser alucinante que te cobren 175 dólares por noche en un cuarto doble con la nevera vacía, sin objetos de cortesía, mal iluminado y con la taza del wc suelta. Eso sí, hay wifi y podemos mandar whatsapp a nuestros conocidos, que flipan con nuestra manera de viajar.

Acabamos de llegar a Luanda y ya somos conscientes de que la capital de Angola se parece poco o nada al resto del país. Por eso nos metemos en la cama después de una larga ducha ¡con agua caliente! y de un rato de televisión británica.

A la mañana siguiente, nos levantamos con energías renovadas, máxime cuando vemos la larga mesa en la galería acristalada en la que podemos desayunar como reyes. Hay de todo ¡hasta fruta! con la sonrisa puesta nos arriesgamos a preguntarle a María Eduarda la manera de partir a Kissama, un parque natural devastado por la guerra que está comenzando a prosperar gracias a una ardua tarea de repoblación.

Y en ese momento la sonrisa se transforma en una mueca helada.