Luanda, caótica y pretenciosa

Nos levantamos con el mejor de los ánimos para buscar algo que haga las veces de una agencia que nos lleve al parque nacional de Kissama, ya que parece ser uno de los pocos lugares de Angola con cierto interés para el extranjero. En realidad, Angola dice tener más de una decena de zonas naturales de importancia; eso sí, están tan protegidas que prácticamente ninguna admite visitantes; entre otras cosas porque el país entero vive de espaldas a los turistas, viajeros y visitantes.

Por otro lado, la guerra también se cebó con animales y plantas. Los primeros fueron pasto de las minas o de la caza cuando los alimentos escaseaban. Las segundas fueron utilizadas para leña, fundamentalmente. De esta manera, las autoridades están llevando a cabo una ardua tarea de repoblación que está empezando a dar sus frutos ahora.

Kissama es una excepción y según nuestra guía cuenta con cierta organización a la hora de alojar viajeros y guiarlos por el parque. El caso es que en poco tiempo nos damos cuenta de que dicha guía tiene una cartografía absolutamente penosa y de que había sido muy benévola (por no decir manifiestamente mentirosa) al calificar la ciudad de Luanda como “complicada”.

Estar en la calle correcta no te garantiza en modo alguno llegar al destino que te has marcado. Los locales se suceden apiñados a ambos lados de las calles, cuyas indicaciones son pésimas. La numeración de las fincas baila y, lo que es de traca… ABSOLUTAMENTE NADIE sabe indicar nada. Ni vigilantes, ni guardias jurado, ni dependientes de comercios ¡ni la propia Policía!

Eso sí, le ponen voluntad y cada una de las 20 o 30 personas a las que preguntamos nos da instrucciones; cada una diferente de la anterior y todas equivocadas.

Finalmente, en una agencia de viajes (internos) acaban por decirnos que nos olvidemos de ir a Kissama si no tenemos coche propio para llegar hasta allí. Tampoco nos garantizan alojamiento una vez desplazados y tampoco tienen la iniciativa (creo que ni la posibilidad tampoco) de llamar a alguien que pueda siquiera darnos una pista de cómo está la ocupación allí.

Total, que decidimos que para ese plan no merece la pena quedarse cinco días más en una ciudad que alterna el chabolismo con los rascacielos más alucinantes y los ejecutivos trajeados conduciendo relucientes coches de alta gama con gente que va descalza por la calle y hace pis por las esquinas. Y todo ello pagando a precio de oro lo que aquí no pasaría de ser un hostal cuco.

En nuestro periplo hemos visto todo lo que nos interesaba y Luis da con la esencia de esta ciudad. Luanda es pretenciosa.

Cruzamos los dedos y nos encaminamos a la Ilha, una lengua de tierra ganada al mar de manera artificial al más puro estilo Miami. Allí se concentran las oficinas de las multinacionales, sucursales bancarias… y la sede angoleña de IBERIA, nuestra esperanza para volver a casa.

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