¿Dieta medite… qué?

Este fin de semana hablaba con una compañera que me tachaba de radical. Había leído mi post acerca del ninguneo que había sufrido el estudio PREDIMED en los medios de comunicación patrios y la poca importancia que le concedíamos a la investigación española. Según ella yo exageraba ya que las excelencias de la Dieta Mediterránea, constatadas en el trabajo referido, no han tenido apenas repercusión en nuestro país porque eran de sobra conocidas por todas y cada una de las criaturas de este país; como si con la partida de nacimiento viniera también un máster en mediterranismo.

Luego hizo una breve disertación acerca de que con esto de la crisis, muchas cosas iban a volver a un cauce de consumismo menos desmadrado y que absolutamente toda persona española y residente en nuestro país se había dado cuenta ya de que había que volver a alimentarse como lo hacían nuestros abuelos; lo había leído. Y se quedó tan pancha.

En líneas generales esta amiga mía tiene razón, aunque oírla perorar sobre lo concienciada que está sobre la alimentación de sus ancestros mientras anima a su hija a terminarse el filete y dejarse las patatas mientras le promete que después podrá comer tortitas con nata y sirope de chocolate le quita algo de credibilidad. Y no lo digo por este hecho puntual.

Ambas estábamos con nuestros retoños en un local de comida más o menos rápida y me tachó de “nazi” por pedirle fruta de postre a mi niña y hacer que bebiera agua en lugar del famoso refresco con burbujas (que de todos modos no le gusta). Ella está convencida de que el zumo de naranja envasado es prácticamente igual que el recién exprimido “porque lo dice la tele y porque tiene pulpa, ¿no lo ves, mujer?”, no hace bizcochos en casa porque “engordan una barbaridad” y se lanza a los cupcakes (esas magdalenas cursis atiborradas de mantequilla y azúcar que no son precisamente light) en cuanto sus llamativos colores asoman en cualquier escaparate.

Compra montones de alimentos precocinados porque dice que ahorran mucho tiempo y disfraza con salsas comerciales cualquier cosa que sus hijos, que además toman cantidades ingentes de aperitivos embolsados (“son más sanos que las chuches, mujer”), no se comen a la primera. Todo lo que no esté untado en algo, rebozado o empanado es, según su criterio, “soso”. Eso sí, sólo usa aceite de oliva; tanto para freír las croquetas o los nuggets de pollo congelados como para desmaquillarse, que ella es muy mediterránea.

Quizá este retrato parezca caricaturesco, pero lo cierto es que, además de en otros asuntos, dietéticamente nos hemos comportado como unos nuevos ricos y ahora niños y mayores pagamos las consecuencias en forma de obesidad disparada y un rosario de enfermedades que abarcan desde la hipertensión a la diabetes pasando por el cáncer y las patologías cardiovasculares.

Abusamos de la carne roja y de los productos cárnicos procesados, apenas olemos el pescado, nos atiborramos de azúcares refinados y creemos que los cereales vienen en caja y tienen chocolate ya desde los campos (no, eso no es ser integral). Las legumbres ¿qué es eso? “comida de pobres”, responde alguien desde el sofá; porque esa es otra, lo de moverse, aunque sea para ir a comprar el pan nos da pereza.

En definitiva, y muy en serio, tal y como señala el nutricionista Juan Revenga en su Blog de 20 minutos, estamos viviendo de las rentas y nos pensamos que por el mero hecho de nacer o vivir en un país a orillas del Mediterráneo lo tenemos todo hecho. Y no. Hemos dilapidado ese capital dietético que nos dejaron nuestros antepasados y si no nos comportamos con mayor austeridad nutricional lo pagaremos caro; más aún.

Los especialistas, esos a los que obviamos sistemáticamente, llevan ya muchos años advirtiéndonos de que la Dieta Mediterránea se ha convertido en un mito del que nos hemos alejado peligrosamente. Es más, precisamente España ostenta el dudoso honor de ser el segundo país mediterráneo que más se ha apartado de este patrón, especialmente en el segmento de la población infantil y adolescente.

Prácticamente nadie sabe cuáles son las bases de la tan cacareada Dieta Mediterránea y desconocen que no sólo implica comer mejor, sino vivir mejor. Esta forma de vida entronca con los preceptos de lo que ahora se denomina “slow food”, que no es otra cosa que levantar el pie del acelerador, dejar de comer plástico, consumir con responsabilidad, reciclar, decantarse por productos de temporada, pasear, caminar y sentarse alrededor de una mesa con la familia y los amigos a charlar, masticando tranquilamente y, si se puede, dormir media horita de siesta.

Le iba a contar todo esto a mi amiga, pero tenía que marcharse. En unos días es el cumpleaños de su hijo mayor y había que rellenar 50 bolsas de chucherías variadas. Le sugerí hacer un par de bizcochos; se tarda lo mismo o incluso menos y es más sano. “¡Tú eres una hippy!”. Pues nada, le mandaré este enlace.

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3 pensamientos en “¿Dieta medite… qué?

  1. aramayoral

    Me parece muy normal que la gente no sepa lo que es la dieta mediterranea, algunos pensaran que es una dieta saludable por aquello de que suena bien todo lo que sea del mar mediterraneo sobre todo la paella de Benidorm, la sangria de Salou por lo del vino tinto y la tortilla de patata del chiringuito de Torremolinos y si me apuras añaden las aceitunas que te ponen de aperitivo con las cañitas, pero lo que es la dieta mediterranea ni idea.
    Claro que tampoco se han esforzado por que lo sepan, me refiero a los ministerios competentes en el tema llamese, agricultura y pesca, o sanidad y educación y como todo el mundo piensa que lo sabe todo el mundo, tampoco se han prodigado los medios de comunicación (television, radio o prensa), tampoco he visto mucho en internet, asi que seguiremos sin saber lo de la dieta mediterranea, y eso que fue declarada en el 2010 como patrimonio inmaterial de la humanidad y bien a proteger por la UNESCO

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  2. Alejandra Autor de la entrada

    Efectivamente, este es el típico caso de “entre todos la mataron y ella sola se murió”. Nadie hace nada y nadie tiene la culpa de nada. Además, eso de divulgar es un esfuerzo que a mucha gente le cuesta mucho hacer, incluso aunque le paguen por y para ello. Si además añadimos la locura por ‘hacer la dieta del algo [alcachofa, espárrago, sandía, sopa, zona, Atkins, South Beach, ajo, pomelo, sirope de arce…]” apaga y vámonos. Besos reina.

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  3. Pingback: Ponerle años a la vida y vida a los años, recetas de toda la vida | El Blog de ArpComunicación

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