¿Por qué no te callas?

Gwyneth Paltrow, Nicolás Maduro y Cristina Fernández de Kirchner. | Agencias

Gwyneth Paltrow, Nicolás Maduro y Cristina Fernández de Kirchner. | Agencias

Escribía Mikel Iturriaga, mi adorado bloguero gastronómico en El País, que le embargaba la tristeza “cada vez que un medio respetable comete la estupidez de publicar bodrios por el simple hecho de ir firmados por famosos”. Él lo decía a cuenta del fichaje de Pippa Middleton (ya saben, la cuñada de Guillermo de Inglaterra, famosa por su trasero envuelto en satén blanco el día de la boda real) por parte de una revista gastronómica bastante bien hecha, la Waitrose Kitchen.

A pesar de que él alberga la esperanza de poder echarse unas buenas risas en el caso de que a la cuñadísima le dé por disertar sobre hechos tan útiles y novedosos como “Los estantes de la cocina deben llenarse de objetos útiles diversos” o “por su tamaño, cocinar un pavo es una buena solución para cuando viene mucha gente” (consejos contenidos en el libro/fracaso/hazmerreír que lanzó al mercado el año pasado), lo cierto es que los que nos dedicamos a esto de la información de la salud y la medicina no podemos prometérnoslas tan felices, ya que cuando un famoso, famosete, famosillo o popular abre la boca para dar un consejo saludable o emitir una opinión médica se nos abren las carnes.

Gwyneth Paltrow ha sido la última en hacer que los especialistas en nutrición de medio mundo hayan puesto los ojos en blanco, y no precisamente por verla actuar. El motivo es que, no contenta con aburrir al personal con un primer libro, ha escrito un segundo en el que ha dejado patente su ignorancia. En la obra, titulada It’s all good, afirma que, casualmente, toda su familia es celiaca y que la mayoría de los seres humanos son intolerantes al gluten. Por este motivo, la actriz, que ya ha sido objeto de polémica en otras ocasiones debido a su afición por airear cada régimen estrambótico que sigue, ha decidido eliminar todos los hidratos de carbono de la dieta familiar, lo que incluye a sus hijos; aún pequeños.

Y es precisamente este punto el que ha levantado ampollas entre la comunidad científica, que no ha dudado un segundo en calificar sus palabras de “estúpidas”, además de alertar de las carencias que pueden sufrir los vástagos de Paltrow, que se encuentran en pleno desarrollo físico e intelectual. Teniendo en cuenta que los carbohidratos constituyen la principal fuente de energía para el organismo, la decisión de la artista les ha parecido una temeridad.

Cristina Fernández de Kirchner también decidió hace unos días hacer su particular aportación a la divulgación científica y se despachó diciendo que la diabetes era una enfermedad propia de pacientes con alto poder adquisitivo, un punto que debió de provocar, como mínimo, desconcierto en el 70% de los diabéticos de todo el mundo que viven en países en vías de desarrollo, ya que son ricos y no se han enterado. Claro que la mandataria argentina ya está acostumbrada a ponerse en evidencia en estas lides; como cuando dijo que la carne de cerdo mejoraba la vida sexual.

A la historia pasará también la reflexión de Evo Morales sobre la incidencia de homosexuales en Europa causada por el consumo de pollo hormonado (¿a qué producto se deberá la homosexualidad en América Latina o en África?) y la teoría, también reciente, lanzada por Nicolás Maduro sobre la muerte de Hugo Chávez por culpa de un cáncer inoculado por los enemigos imperialistas al líder bolivariano.

La lista de despropósitos es interminable y abarca desde artistas que no se depilan las axilas y no usan desodorante por miedo al cáncer linfático (que luego se extiende a la mama, como defendía Julia Roberts) a cantantes que creen que sus tumores se deben a los teléfonos móviles (Sheryl Crow), pasando por estrellas teen que ya hacen sus pinitos con dietas detox a base de brebajes de aspecto vomitivo o diseñadoras como Stella McCartney, quimicofóbica declarada que no debe de saber que el ácido acético básicamente es vinagre.

El problema fundamental de que el famoso de turno se meta también a nutricionista, oncólogo, médico de familia, pediatra, entrenador personal… y a todo lo que se tercie es que después de que hayan soltado alguna de sus perlas, preferiblemente en entrevistas de máxima audiencia, los especialistas tienen que perder un tiempo que no tienen en explicar a sus pacientes que lo que ha dicho tal actriz, tal cantante o tal modisto no tiene ni pies de cabeza y que de hecho, en unas semanas esas mismas celebrities estarán abrazando otra teoría ridícula.

Asimismo, las sociedades científicas no dan abasto a redactar comunicados para aclarar que el cáncer no se puede inocular alegremente, que la vacuna del Alzheimer no está lista o que el único milagro antigrasa conocido es el Fairy, y es un lavavajillas. La histeria ha llegado a veces al punto de que las autoridades sanitarias han cedido a las presiones y se han gastado cientos de millones en llevar a cabo ensayos clínicos para demostrar a la opinión pública que ciertos remedios no tenían razón de ser desde el punto de vista científico; es ni más ni menos que lo que ocurrió con la supuesta cura para el cáncer de Luigi Di Bella en Italia hace unos años.

Es cierto que el usuario de a pie no tiene por qué ser experto en todos y cada uno de los temas que forman parte de su vida cotidiana (aunque sería deseable que en temas relativos a su salud hiciera un esfuerzo por mejorar en este sentido), pero quizá sí sería recomendable que cuando tuviera una duda sobre cuestiones de este calado acudiera a los verdaderos especialistas y no a un artista cuyo trabajo es, por ejemplo, cantar encima de un escenario, por mucho que lo haga como los ángeles.

Quizá sería bueno que en España surgiera una réplica de Sense About Science. La organización británica se dedica, tal y como rezan sus principios, de “dotar a la gente del conocimiento suficiente para que tomen conciencia de la ciencia y la evidencia”. No obstante, como esto no parece probable, lo mejor que podríamos hacer es aplicar un poco de sentido común. ¿Por qué haces caso en cuestiones médicas a alguien que se dedica a hacer películas (no siempre buenas) y no te fías de tu facultativo, que trabaja tratando problemas como el que tú tienes? ¿Si para arreglar el coche vas a un taller porqué crees que en una peluquería te pueden implantar senos de silicona?

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