Slow Comm, comunicación sostenible contra la ‘Infoxicación’

No me gustan las prisas. | FreeDigitalPhotos.net

No me gustan las prisas. | FreeDigitalPhotos.net

Hoy tenía previsto publicar, debido a que en esta semana me han preguntado varias veces por el tema, una entrada sobre mis impresiones de la última edición de Salvados, el programa en el que Jordi Évole le daba un repaso a la industria farmacéutica y a sus prácticas para vender medicamentos.

El espacio Sobremedicados levantó un revuelo considerable, especialmente entre el público no familiarizado con este sector. Ya adelanto que a mí, sinceramente, me pareció interesante en cuanto al hecho de despertar la curiosidad y el interés sobre unos procesos que son desconocidos para el espectador general; pero me pareció muy incompleto, bastante simplista y obsoleto en algunos planteamientos. Dicho lo cual, y esperando retomar este tema (o no) voy a otra cosa que me ha interesado mucho más que el empeño del reportero en presentar a la industria farmacéutica como la reencarnación del mal en la tierra; algo que la intervención del portavoz de Farmaindustria no ayudó a desmentir.

Hoy he leído un interesante documento sobre Slow Comm, una manera de hacer las cosas en comunicación que entronca con los valores de la Slow life, esa corriente vital que desde hace algunos años nos anima a levantar el pie del acelerador para conseguir llevar una vida más sosegada, saludable y sostenible.

¿Y qué es eso de la comunicación lenta? Pues el autor de dicho escrito, Diego Rivera, director de Estrategia y Creatividad en la agencia Best Relations nos explica que se trata de una manera de comunicar que se sitúa en las antípodas de lo que actualmente se hace en la mayoría de los sectores.

La comunicación y los medios de ídem (generalizar es siempre equivocarse en alguna medida, pero ustedes me entienden) se han dejado arrastrar por la locura y el atolondramiento que rigen para otros productos como la fast fashion: “accesible, barata, de baja calidad, tan inmediata como fugaz, tan única como masiva”, escribe Rivera.

Es algo parecido a lo que yo en una entrada titulada ‘Nada que celebrar‘ llamaba periodismo low cost. Infoxicación, en definitiva, un aluvión de información de tal magnitud que nos impide diferenciar el grano de la paja y, por supuesto, profundizar en el conocimiento de nada en concreto. Eso por no hablar de la ausencia total de análisis, de crítica y de reflexión, valores cada día más escasos en un sector en el que se retuitea a tontas y a locas, sin leer lo que se sube y donde hay gente capaz de entrar en barrena por ser trending topic (o dejar de serlo).

Coincido con Rivera en que el problema no es la tecnología, sino el uso que le damos a la multitud de cacharritos a través de los cuales podemos estar (hiper)conectados. Contando con tantos medios técnicos es una obligación moral hacer las cosas bien, o al menos intentarlo pero, eso sí, sirviéndonos de la herramienta más valiosa que poseemos todos los humanos: el cerebro y el sentido común.

Para ello creo que ha llegado el momento de pararse a meditar; pero hacerlo de verdad y plantearse los motivos reales de esas prisas que impregnan la mayoría de las acciones de comunicación. ¿Realmente todo es para anteayer? ¿el hecho de tener el buzón de correo en el smartphone me obliga a contestar a TODOS los mails incluso cuando lo normal es estar en brazos de Morfeo? Ya decían los sabios que las prisas no son buenas para nada, entonces… ¿por qué asumimos que para la comunicación y el periodismo de cualquier tipo sí lo son? (no confundir prisa con rapidez, porque no es lo mismo).

¿Por qué nos empeñamos en correr a toda pastilla si no sabemos muy bien hacia dónde nos dirigimos? ¿Realmente es beneficioso estar ahí a toda costa aunque sea a costa de mandar mensajes huecos y mal hechos? ¿Qué fue de aquello de ‘si no tienes nada interesante que decir mejor no digas nada’? ¿Nos damos cuenta verdaderamente de que si seguimos en esta espiral de superficialidad devaluaremos nuestro trabajo hasta reducirlo a cenizas?

La semana pasada mostraba mi irritación por las entradas en forma de listado, ya que la mayoría me resultan inútiles, poco prácticas, repetitivas, superficiales y obvias; justo todo lo contrario del decálogo para acercarnos a la comunicación slow con el que concluye Fast you!, Slow me! Descárgatelo aquí.

Mientras tanto, seguiré dándole vueltas al post de Sobremedicados; total, no hay prisa.

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2 pensamientos en “Slow Comm, comunicación sostenible contra la ‘Infoxicación’

    1. Alejandra Autor de la entrada

      ¡Todo lo contrario! gracias a ti por regalarnos un documento así. Asisto cada día al desmoronamiento de mi profesión precisamente por las prisas y por la supuesta necesidad de estar el primero ahí sin saber muy bien dónde es ahí, ni para qué sirve llegar ahí. No te imaginas a la cantidad de gente que le voy a mandar el pdf de Fast you! Slow me! Un abrazo y gracias otra vez 🙂

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