La gente quiere ser engañada…

La gente quiere ser engañada, engañémosla pues. | Petronio

La gente quiere ser engañada, engañémosla pues. | Petronio

Estoy segura de que la legión de fans que me sigue sabrá disculpar estas dos semanas de silencio, pero es que he tenido que superar varios estados de shock y estupefacción que se han sucedido de manera muy consecutiva. Reconozco que tengo tendencia a sobresaltarme, quizá en exceso, cuando leo faltas gramaticales, de ortografía o teorías pseudocientíficas en los medios de comunicación; deformación profesional.

Por eso, cuando una amiga mía farmacéutica (de las de verdad, no de las que únicamente despachan pastillas) que también ha cursado nutrición, me habló de una sarta de memeces que había estado soltando Mercedes Milá en su esperpéntico programa sobre una enzima prodigiosa y sus poderes para curar todo el mal que nos acecha en cada esquina decidí no profundizar en el tema por el bien de mi salud mental. Pensé que al fin y al cabo Gran Hermano no es precisamente un programa de divulgación científica, por mucho que quieran disfrazarlo de experimento sociológico, y que la Milá no tiene pudor en hablar de lo divino, de lo humano y de lo que le sale del bolo como ella bien defiende y claro, en esa vorágine disertadora no se puede acertar siempre.

Sin embargo, he comprobado que el libro al que se refería la presentadora ocupa bastante espacio en los estantes de las librerías -eso me pasa por entrar en Fnac a lo loco, sin un objetivo fijado de antemano- y que se ha colado en varios medios de comunicación con unos avales y explicoteos que dan ganas de gritar hasta quedarse afónica de por vida; los de RTVE.es son, sencillamente, para nota.

Para quien no lo sepa, el autor del libro, un cirujano japonés supuestamente prestigiosísimo llamado Hiromi Shinya, defiende la teoría de que existe una enzima madre a partir de la cual se diferencian todas las demás y que es responsable última de nuestra salud y bienestar; algo así como las células madre pluripotenciales, pero en enzima polivalente.

"La dieta del futuro que evitará enfermedades cardiacas, curará el cáncer, detendrá la diabetes tipo 2, combatirá la obesidad y prevendrá padecimientos crónico degenerativos"; ahí es nada.

“La dieta del futuro que evitará enfermedades cardiacas, curará el cáncer, detendrá la diabetes tipo 2, combatirá la obesidad y prevendrá padecimientos crónico degenerativos”, según el autor japonés. Ahí es nada.

Básicamente, la pésima dieta que seguimos en Occidente (y que estamos contagiando a Oriente) hace que el número de enzimas madre (debemos de traer pocas de serie) vaya mermando, de manera que no se pueden desencadenar los mecanismos reparadores de las células y así nos va. De hecho, Shinya atribuye a esta mala alimentación el hecho de que su hijo sufriera “inflación del colon” (imagino que será una mala traducción de inflamación, pero no he podido evitar reflejarlo por puro choteo) y de que su hija desarrollase dermatitis atópica tras introducir en su dieta la malvada leche de vaca (ya es mala suerte: dos de dos).

Según las elucubraciones de este señor, que dice haber examinado los estómagos y cólones de aproximadamente 300.000 pacientes (no especifica si en vivo, post mortem, in situ, ad hoc o provisto de unas simples gafas) este factor nos lleva a la enfermedad general en sus múltiples vertientes particulares. Por contra, alimentarse de productos ricos en enzimas aleja la posibilidad de sufrir desde cáncer a diabetes pasando por dermatitis atópica, obesidad, colon irritable y demás penurias derivadas de la aniquilación de las enzimas madre.

Esta teoría de la enzima madre está adornada con un batiburrillo de pseudociencia, fobia química, coletillas radicales (como que la margarina es como demonio y la leche de vaca casi Lucifer), verdades a medias y hechos constatados en cientos de investigaciones que en ningún modo ha descubierto Shinya por muchos estómagos que haya examinado. Por ejemplo, que hay que tomar más frutas y verduras frescas, moderar el consumo de carne e incrementar la ingesta de pescado y cereales integrales, además de masticar bien y beber suficiente agua; eso sí, de la buena, no del grifo, que está llena de maldad. Es decir, en este sentido nada nuevo bajo el sol, algo que Lo que dice la Ciencia para adelgazar explica mucho más detalladamente que yo, por lo que no me voy a extender innecesariamente.

Si por mí fuera concluiría con el mismo consejo que los autores de este blog que no es otro que el de no gastarse el dinero en chorradas de este calado y seguiría mi vida tranquilamente. Sin embargo, justo cuando estaba a punto de superar este traumatismo neuronal pasé por una tienda cuyo escaparate me dejó sin aire. En medio de jabones, cremas, péndulos, colgantes y pulseras sin más ánimo que el de limpiar, hidratar y adornar, respectivamente, aparecían un montón de artilugios misticomágicos acompañados de su correspondiente cartelito explicativo de las bondades de dicho producto.

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Al parecer, el hecho de que las explicaciones provoquen hilaridad y sonrojo  de manera alterna o simultánea no reduce un ápice las ventas de dichos cacharros a juzgar por el tráfico de personas que entraban y abarrotaban dicha tienda y porque cuando volví a fotografiar el vaso de la flor de la vida éste se había agotado. Había desaparecido del escaparate dejando el cartel huérfano, a la espera de que pusieran otro vasito milagroso en su lugar, diseñado con su proporción áurea y  de la escala musical.

Empecé a devanarme los sesos pensando en los extraños motivos que llevan a la gente a cabrearse como monas cuando el médico les dice que para su resfriado lo mejor que puede hacer es beber agua, reposar en cama y tomar calditos calientes para reconfortar su cuerpo y sin embargo están dispuestos a creer a pies juntillas a cualquier tarado que les quiera limpiar el aura, energizar el agua, alinear su karma, su chi o ambas cosas a la vez o hacerles tragar enzimas madre por un tubo.

No entiendo por qué exigen a sus sanitarios que les hablen en lenguaje normal sobre su diabetes o su hipercolesterolemia y, sin embargo, parecen encantados de leer frases como “El diseño en cascada de 6 secciones secuenciales con el volumen de cada una de las secciones equivalenta a uno de los 6 primeros números de la secuencia universal de Fibonacci, que coincede con la geometria encontrada en toda la naturaleza. El agua revitalizada muestra una estructura cristalina de 6 caras, que corresponde a su fuerza vital y nivel de energia aumentado”; tal cual.

Y justo cuando estaba pensando en el rechazo que producen los fármacos de síntesis en contraposición con la gran aceptación existente cuando se trata de zamparse, untarse, rociarse o inyectarse cualquier mejunje que lleve el adjetivo de “natural” (el estiércol lo es y yo no haría con él ninguna de las cosas anteriores) me despegan del escaparte misticomágico con la frase de Petronio que da título a este post. Pues así nos va.

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7 pensamientos en “La gente quiere ser engañada…

  1. Pingback: Los productos naturales ¡vaya timo!: La Enzima Prodigiosa, La Ciencia Horrorosa. | El Blog de ArpComunicación

  2. Pingback: Ponerle años a la vida y vida a los años, recetas de toda la vida | El Blog de ArpComunicación

  3. josecarlosarandalengua

    Cuando el zorro dijo a la urraca que le encantaba su trino, solo pretendía que abriera el pico para coger el trozo de queso (El Conde Lucanor, siglo XIV). Para que un timo funcione se necesita alguien que quiera engañar y un tonto que se lo crea y, sin embargo, somos tan vulnerables en nuestra autoestima por miedo o por vanidad… Magnífico artículo.

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  4. mj mas

    Muchas gracias por este acertado artículo.
    Decía Don Santiago Ramón y Cajal:
    “Razonar y convencer, ¡qué difícil, largo y trabajoso! ¿Sugestionar? ¡Qué fácil, rápido y barato!”
    La reforma más necesaria del sistema de salud en este momento de crisis es facilitar la comunicación entre médico y paciente y para esto basta sólo con aumentar el tiempo de visita… es decir invertir en personas con buenos conocimientos y sólo después en máquinas y edificios.

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    1. Alejandra Autor de la entrada

      Acertadísimo comentario.

      De nada vale tener el escáner más moderno en el edificio más vanguardista si no hay un equipo humano capacitado y profesional que lo gestione y que le cuenta al paciente cómo le va a tratar y por qué. Gracias por participar.

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  5. Joselito, el de la voz de oro

    El gran éxito del Dr. Shinya ha sido inventar el colonoscopio, que permite extirpar un pólipo sin abrir en canal al personal. Lo demás son consejos dietéticos, por cierto, bastante aceptables. Pero lo que no se puede es convencer a un(a) ignorante quien, lo único que pretende es parecer inteligente, como es tu caso. Si no te crees lo de la margarina, por cierto, tan sólo la separa una molécula de ser “sólo” plástico, abre una tarrina en un lugar en el que haya moscas, verás como ninguna se posa en dicha tarrina Hale, Alejandra;¡que tengas suerte en la vida!.

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    1. Alejandra Autor de la entrada

      Querido Joselito.

      En primer lugar me gustaría sacarte de tu error. El señor Shinya no es el inventor del colonoscopio, un dispositivo extremadamente útil, como bien destacas. En su propia obra se explica que “es conocido por sus trabajos en el área de la colonoscopia”, algo muy meritorio, pero completamente diferente. Incluso dando por cierto este punto, no implica que sea un experto en nutrición, así como en otro tipo de patologías que supuestamente puede curar su dieta (cardiacas, oncológicas, metabólicas…).

      Como bien explicas, sus consejos nutricionales son bastante aceptables en su mayoría (comer mucha fruta y verdura, evitar la carne roja, masticar bien, tomar mucha fibra…), pero es que estos consejos los vienen machacando desde hace años todos los especialistas y autoridades sanitarias, las de verdad, las que hacen ensayos rigurosos y no se basan únicamente en su observación, como dice hacer este señor al que tanto admiras y que con ellos no ha descubierto la pólvora, precisamente.

      Y con esto vuelvo a la reflexión que planteo en el texto acerca de la tendencia que tenemos a no hacer ni caso a lo que nos dice un profesional en su consulta y en cambio creer a pies juntillas lo que nos dice un supuesto especialista al que no conocemos y que nos cuenta un relato casi de ciencia ficción. A este hilo de las credenciales del señor Shinya también quiero apuntarte que me resulta extremadamente llamativo que en su editorial afirmen que trabaja en el Colegio de Medicina Albert Einstein de Nueva York, pero que la institución haya negado que este señor ejerza allí. También me llama poderosamente la atención que no haya ni una sola referencia bibliográfica en toda la obra, cuando cualquier experto medianamente serio tiene alguna publicación en su haber.

      Es decir, que no nos creemos a nuestros sanitarios y sí a este señor con el que la propia editorial tampoco ha hablado jamás (sostienen que lo hacen todo a través de su agente).

      Este punto (y otros muchos) lo tienes muy bien explicado en este reportaje, http://prensa.unizar.es/noticias/1306/130607_z0_mundoenzima.pdf.

      Podría extenderme mucho más, pero como bien dices no se puede convencer a un ignorante y menos si además, como es tu caso, ni siquiera intenta parecer inteligente. No sufras, querido, hay cosas que no se pueden fingir.

      Dicho esto, aclarar que cada cual es libre de escribir un libro sobre el tema que mejor le parezca, como también lo somos los demás (más si nos dedicamos profesionalmente a ello) de ejercer un juicio crítico, rascar más allá de la cubierta y preguntar a otros expertos, aunque no hayan inventado el colonoscopio.

      Por lo demás, gracias por desearme que me vaya bien en la vida. No tengo por menos que desearte a ti lo mismo.

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