Gente a la que no quiero ver en la marea blanca

Marea Blanca. | El mundo.es

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Vaya por delante que no soy sospechosa de atacar a la Sanidad Pública. Más bien al contrario, siempre he defendido con uñas y dientes la calidad de sus profesionales y la seguridad que me daba sentirme amparada por un sistema que funcionaba a pesar de los gestores ineptos, de la sobrecarga asistencial, de lo estúpidos que somos los pacientes en muchas ocasiones y de lo difícil que se lo ponemos a veces.

Que conste también que el proceso de externalización que están poniendo en marcha en la Comunidad de Madrid no me convence por la opacidad del procedimiento, la poca claridad al hablar de él por parte de las autoridades, los chanchullos que se han escondido detrás de palabrería hueca, por la chulería de Lasquetty, por la resistencia a hablar en términos de cifras y productividad y por el mamoneo político que subyace en algo tan serio como es la salud.

Dicho esto, enumero ejemplos concretos y verídicos de gente que ensucia la bata blanca con comportamientos no solamente contrarios a la ética y vocación que ha de atesorar un sanitario, sino que atentan contra la mínima dignidad profesional. A esta gente es a la que no quiero ver en las mareas blancas:

  • A la impresentable del Hospital Civil de Málaga que, comiendo pipas y con toda la rebeca azul marino llena de virutas y sal, le decía a una paciente pendiente de saber si puede sufrir epilepsia: “mira bonita, tu escáner no se ha perdido, es que no lo encontramos”. Bonita, con esa manera de decir lo mismo pero de otra forma deberías dedicarte a la política, no a atender pacientes.
  • A la auxiliar que se cargó la pluma de insulina de un diabético y la dejó allí encima como si tal cosa en plan “pío, pío que yo no he sido”. Esta perla también es del Hospital Civil de Málaga. Chica, un fallo lo tiene cualquiera. Se asume y listos, no dejas al diabético colgado sin insulina.
  • Al encargado del aprovisionamiento médico del Hospital Civil de Málaga que no prevé que los diabéticos se pinchan insulina varias veces al día y que el hecho de haber sido operados de cáncer de vejiga no altera esta pauta. Por favor, tenga usted agujas en stock, de manera que no sea la esposa del diabético las que tenga que conseguirlas en el centro de salud más cercano. ¡Ah! y cuando venga la mujer con las dichosas agujas y se lo recrimine a la enfermera de turno no diga: “oiga, que he ido a por ellas a endocrinología”. Reina, es tu trabajo, como si tienes que ir a Marte a por ellas.
  • A la señora que no sabe organizar una cola para hacerse unos análisis en el Centro de Salud Daroca (Madrid) cuando previamente hemos pedido cita para ello y llevamos nuestro numerito entre los dientes.
  • A la choni que no es capaz de alejarse ni diez pasos de la puerta del Hospital Santa Cristina de Madrid para fumarse un cigarro mientras pasea la bata por toda la mugre de la pared.
  • Al señor que en el recibidor del mismo hospital madrileño, parapetado en una mesa que pone información, le preguntas por Patología Cervical y te señala de mala gana un letrero a la vuelta.
  • A las administrativas que se ponen a hablar de sus cosas mientras las colas de pacientes se alargan hasta el infinito y más allá. Centro de Salud Daroca y Hospital Universitario Santa Cristina, ambos en Madrid.
  • A la señora de la limpieza del Hospital Carlos Haya (Málaga) que se lleva las sábanas del hospital a su casa porque “son más gorditas” que las normales.
  • Al señor doctor que habla de “mi plaza en propiedad” y piensa que eso le sirve para tocarse los huevos a dos manos. De estos conozco tres ejemplos; todos ellos en hospitales públicos de Madrid. Lo triste es que seguro que hay más.
  • Y a ningún sindicalista que viene en autobús expresamente para protestar y así tener una excusa más para no trabajar. ¿Esto también lo catalogarán de formación?

Es cierto que generalizar es equivocarse siempre con alguien, que todos somos humanos y por lo tanto nos podemos equivocar y también que cualquiera tiene un mal día y que la inmensa mayoría de los profesionales sanitarios cumplen con su deber e incluso van más allá. Pero también lo es que éstos son sólo unos cuantos ejemplos de muchos más que conocemos todos y que cada uno cuenta la feria según le va; y a mis allegados la feria les ha ido últimamente rematadamente mal en este aspecto.

Evidentemente, este post no se refiere a los que siguen trabajando con la mejor disposición a pesar de los recortes, pero precisamente por la existencia de malos profesionales es importante cuidar que no se mezclen en la marea blanca y la ensucien con sus malas prácticas y su poca vocación. A éstos últimos recordarles, además, que el paciente que está ingresado no está allí por gusto y con toda seguridad estaría mejor en su casa.

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